Confía en ti

¿Te has sentido incomodo al saber que vas a hablar frente a una audiencia?

Si tu respuesta es sí, pues déjame decirte que no estás sólo. Muchos en algún momento de nuestras vidas hemos sentido un gran nerviosismo al saber que vamos a exponernos al hablar en público. Incluso una gran mayoría hemos sentido que vamos a desmayar al solo hecho de pararnos en una tarima; nuestra imaginación galopea desbordadamente entre inimaginables ideas de todo tipo, sí, poniendo en nuestra mente lo que puede suceder al momento que nos entreguen el micrófono, y sintamos que es el momento de esbozar las primeras palabras. Estas ideas pueden navegar entre olvidar por completo nuestra introducción o hasta haberse borrado por completo la presentación que tanto tiempo invertimos en prepararla, o simplemente que perdamos el control de nuestras ideas frente a las miradas expectantes presentes. Sin embargo, todo esto sólo se creó en nuestro subconsciente y no es verdad.

A ese miedo que sentimos se le denomina glosofobia, en otras palabras, es el miedo que una persona siente al hablar en público. Si hacemos una encuesta con nuestras amistades y colegas para preguntar, ¿has tenido miedo al hablar en público? nos sorprendería que la gran mayoría se ha sentido fuera de lugar al sólo pensar que va a hablar en público.

Pues déjame decirte que yo soy una de esas personas que se ha sentido que va a desvanecerse al estar frente a una audiencia. Por eso sé que el hablar en público es sólo un hábito que podemos entrenar exactamente como a un músculo de nuestro cuerpo. Por eso voy a compartir contigo a lo que me he enfrentado para trabajar ese musculo de hablar en público, y no quiero que pienses que soy una experta, lo único es que he estado expuesta en muchas ocasiones a esta situación.

Todavía recuerdo el día que mi profesor de posgrado me invitó a participar en la Feria del Libro para exponer el artículo que él me había ayudado a preparar. Viene a mi memoria la emoción tan grande que sentí al escucharlo cuando me extendió la invitación. Después de unos segundo mi mente comenzó a elaborar tantas reacciones de la audiencia a mi artículo. Yo sabía, por comentarios de otros alumnos, que no había de que preocuparme porque nadie me iba a hacer preguntas, yo sólo tenía que pararme frente al podio y dejar salir mis palabras ya escritas; el micrófono sería mis bastón. Sin embargo, salí de la oficina de mi profesor con una sensación enorme de rechazo, sí sentía miedo a ser rechazada. Sólo faltaban dos días para la presentación, y el nerviosa aumentaba; a mi mente venían diferentes formas en cómo las personas presentes pudieran refutar lo que yo expusiera, y lo peor sería que yo percibiera ese repudio en sus miradas.

El día llegó. Me arreglé de forma formal, arreglé mi cabello y usé un maquillaje muy delicado. Al llegar al estacionamiento me encontré con mi profesor que muy amablemente me recibió. Ahí mismo me dejo saber hora de mi participación, que agradecí infinitamente que haya sido sólo unos minutos después de mi llegada. No recuerdo lo que dijo mi profesor cuando me presentó, sólo me vi frente al podio y en mis manos mi artículo. Cuando levanté mi mirada vi como mi profesor se alejaba muy lentamente con el apoyo de su bastón hasta llegar a su asiento. Ahí me encontré con algo nuevo además del miedo que había sentido hasta ese momento; me percaté de lo alejada que esta de la audiencia, había varios metros de distancia entre la primera fila y el podio. Sí, ahí estaba yo, sola, frente a muchas miradas. Ahora era yo y la audiencia.

Cada vez que terminaba de leer una hoja y pasaba a la siguiente, a mi mente venía esta preguntaba, ¿de dónde saqué tanto para escribir? Ese día olvidé por completo que mi lenguaje corporal también comunica. Yo sólo estaba agachada leyendo y tratando de hacer pausas donde iba acorde a lo que había escrito. Ese día mi lenguaje corporal también tuvo su audiencia. Mis palabras eran asertivas ya que de vez en cuando escuchaba, “¡Mmm muy interesante!” o “No lo había visto desde ese punto de vista”. Me di cuenta como la audiencia hacia suyo mi mensaje. Hoy sé que esto es lo que se debe buscar en la audiencia.

Yo no creo haber trasmitido con mi lenguaje corporal que tuviera cien por ciento confianza en mí misma. Por otro lado, mi profesor había puesto toda su confianza en mí y la había trasmitido al público. Mis palabras esbozadas por mi boca estuvieron acorde a la situación.

Sólo tres veces mire al público. La primera vez cuando me paré frente al podio, la segunda vez, al momento que escuché un murmullo de afirmación a mi escrito y la última vez cuando terminé de decir la última palabra de mi artículo. Ese día olvidé lo importante que es conectarme con mi audiencia a través de la mirada. Hoy sé que la mirada del orador dirigida a su audiencia es la manera en cómo perciben que se está dirigiendo a ellos, es la conexión entre ambos. Al mismo tiempo, el público sentirá que estamos pendiente de ellos y que nos importa su reacción a lo que se les está exponiendo.

Bueno pero que decir de una sonrisa. Ya te has de imaginar que ese día nadie conoció la mía. Estaba tan tensa que sólo pensaba en no olvidarme las pausas en mi artículo, y los silencios que me había sugerido mi profesor que hiciera en algunos instantes para crear expectativa en lo que deseaba comunicar. Hoy sé que una sonrisa, sin ser una carcajada, siempre abre puertas, y no sólo en la audiencia.

Muchas veces he escuchado que expertos sugieren lo importante que es exponernos a la mayoría de nuestros miedos. Entonces con eso en mente te invito a que estés abierto y dispuesto cuando tengamos la oportunidad de hablar frente a otros. En un inicio, quizás sea en grupos pequeños y con conocidos, y poco o poco ir incrementando la exposición. Lo bueno sería comenzar a compartir pequeñas historias o anécdotas con nuestros familiares o amigos para ir acostumbrándonos a escuchar nuestra voz.

Recuerda que cuando tengas la oportunidad de hablar en público será porque tienes algo que aportar a la audiencia...siempre sé tú mismo. Y si te estás pensado, “bueno, yo no soy extrovertido, al contrario, yo soy introvertido” déjame decirte que todos tenemos mucho que aportar a los demás.

Sólo encuentra tu voz y confía en ti, ya hay alguien que sabe lo valioso que eres.

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